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El arte de adivinar cualquier cosa

Una frase atribuida a Walt Disney dice que “si lo puedes soñar, lo puedes lograr”. Un principio similar se podría aplicar a las prácticas adivinatorias. Parafraseando un poco: “si lo puedes imaginar, puedes utilizarlo para adivinar”. Existen incontables palabras para designar a las técnicas de adivinación que han proliferado en las culturas de todo el mundo desde tiempos inmemoriales.

En El arte de adivinar el porvenir, Francis Roland —un profesor y estudioso del Tarot antiguo— explica que la mayoría de las voces utilizadas para nombrar esas prácticas incluyen el sufijo -mancia, que deriva del latín -mantīa y éste del griego -μαντεία (-manteía), “y significa, ni más ni menos que, adivinación”.

Así, tenemos palabras que nos suenan tan familiares como quiromancia (la adivinación de las palmas de las manos) u otras cuyo significado podemos inferir, como bibliomancia (adivinación a través de la interpretación de la página de un libro abierta al azar).

Pero muchos de ustedes se sorprenderán al saber que existen técnicas de adivinación cuya materia prima son los objetos puntiagudos (acutomancia), o los periodos de menstruación (menomancia).

También existen técnicas adivinatorias que dependen de ciertos procesos de la naturaleza, como la sicomancia,cuya raíz proviene del griego σῦκον (sýkon: higo). Consiste en anotar preguntas en las hojas de la planta de una higuera. “Cuanto más tarda en caer la hoja de la planta, más favorable es la respuesta a la demanda que lleva escrita”, explica Roland.

Hay una historia y serie de atavismos vinculados a cada una de esas formas del pronóstico, pero tenemos registros de una con un pasado particularmente fascinante: la taseografía, la interpretación de los sedimentos de las infusiones.

Definirla en términos etimológicos no es tan sencillo como ocurre con otras mancias, pues aunque sabemos que su sufijo (-grafía) proviene del griego γράφειν (grápehin: escritura), su raíz es de origen desconocido, aunque hay quien afirma que tasa hace referencia al recipiente en el que se bebe el café o el té.

En un artículo publicado en la revista Standart, Gareth May explica que existía gran fascinación por las prácticas adivinatorias en Europa del Norte durante la época victoriana, sobre todo por su asociación a los métodos que empleaban los pueblos nómadas para leer la fortuna.

En regiones como el Medio Oriente y la Antigua Grecia, la lectura del café no era sólo una forma de la adivinación, sino un sistema práctico para intentar predecir ciertos eventos naturales. No obstante, como afirma el antropólogo Phillips Stevens, de la Universidad de Buffalo, “nadie puede saber realmente el origen de una práctica tan universal como ésta”.

Francis Roland cuenta que el procedimiento para realizar una lectura taseográfica es necesario poner una tetera con agua al fuego y, antes de que llegue al punto de hervor, colocar una cucharada de té en hoja por cada taza. Luego hay que remover los restos y dejar reposar durante un minuto. “Aunque no practique la taseografía —indica Roland—, seguir las indicaciones descritas le permitirá prepara una infusión deliciosa”.

Acerca de Ángel Soto

Editor web de Laberinto en Milenio | Toco el piano y hago música para audiovisuales | Produzco podcasts

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