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Más que un simple tatuaje

Para muchos, hacerse un tatuaje podría parecer una cosa simple o una decisión de moda. Para otros, como yo, significa ir en contra de la manera de pensar de tu familia.

Verán, mi familia no es precisamente la más abierta a este tipo de “arte” o “expresión”. Por las costumbres y tradiciones con las que fueron educados, los tatuajes pueden llegar a ser vistos como algo que va en contra de su forma de entender el mundo. Fue eso lo que me detuvo por años el hacerme uno, el hecho de qué dirían sobre mí.

(Crédito: Mariana R. Fomperosa)

Desde hace tiempo le pedí a una de mis hermanas que me ayudara a diseñar algo significativo. Algo que en un futuro podría tatuarme sin sentir que marcaría mi cuerpo con alguna cosa sin sentido. En mi caso eso hubiera sido un casco de stormtrooper o el logo de mi equipo de futbol americano favorito.

Es por eso que le pedí que me diseñara un cedro. Un símbolo ligado directamente a mi familia originaria del Líbano. Cuando lo vi, instantáneamente me enamoré de él. Supe que, en caso de agarrar la fuerza necesaria, ese sería mi primer tatuaje.

(Crédito: María del Carmen Loredo Mafud)

Pasó el tiempo y mi cedro se fue quedando un poco en el olvido. Dejé de pensar mucho en eso y preferí centrarme en otras cosas, hasta que, por cuestiones de trabajo, el tema del tatuaje resurgió. Decidimos en Diéresis escogerlo como uno de nuestros números y ese fue el momento cuando pensé “creo que podría ser una buena oportunidad para hacerlo”.

Una de las editoras de Diéresis me recomendó a Daniel Hurtado -su tatuador de confianza. Él sería quien tatuaría el diseño en mi brazo. Al poco tiempo sacamos la cita y lo único que quedó fue esperar.

Los primeros días pasaron sin que pensara mucho en eso hasta que la noche anterior los nervios y el miedo se apoderaron de mí. El momento de la verdad había llegado y sólo pensaba en una cosa: el tatuaje. ¿Qué tanto me dolerá? ¿Me voy a arrepentir? ¿Qué va a decir mi familia cuando lo vea? Esas eran sólo algunas de las preguntas que inundaban mi mente. Finalmente, después de tomar un té relajante y escribir lo que tenía en la cabeza, logré dormir después de las dos de la mañana y por temor a no despertar a tiempo, mi alarma estaba programada para que sonara a las ocho.

A la mañana siguiente, la presión para llegar a mi cita de las 11 no me dejó mucho tiempo para cuestionar mi decisión. Luego de explicarme todo lo necesario, Daniel sugirió en tono de broma que para que el diseño no perdiera ningún detalle, lo hiciera en mi espalda; cosa que por supuesto rechacé, un tatuaje de 20 centímetros en la espalda no es lo que uno tiene en la mente cuando se va a hacer uno por primera vez.

Dan comenzó a preparar todo. Me mostró las agujas limpias, desinfectó mi brazo, lo afeitó y después plasmó la plantilla en la zona que mi cedro quedaría marcado por siempre. Mis nervios estaban a tope, las mismas preguntas venían una y otra vez a mi mente e inclusive, por un momento pensé en echarme para atrás. Pero ya era muy tarde para arrepentirse. Ya estaba todo listo y si no era en ese momento, probablemente nunca más lo haría. Y entonces la primera línea quedó trazada.

(Crédito: Rogelio Loredo Mafud)

“No duele tanto”, pensé una vez que la aguja perforaba mi piel.

Conforme pasaban las canciones de la lista de reproducción de Daniel, el tatuaje comenzaba a tomar forma. Platicar también me ayudó a relajarme y pasármela bien. Por momentos el entrecerrar los ojos o hacer una mueca graciosa era señal de molestia, pero nada que no pudiera tolerar.

No había pasado ni una hora y el cedro estaba terminado. No podía dejar de mirarlo y mientras analizaba cada una de las líneas y trazos, todas las dudas que tenía se esfumaron. Ésta había sido una experiencia completamente nueva para mí y el resultado final me dejó más que satisfecho.

En mi familia fue recibido más o menos como esperaba. Pese a que mi novia, mis hermanas y mi mamá señalaron lo padre que había quedado y se alegraron por mí, algunos dijeron que por qué lo hice, que eso me “acorrienta” o que estaba “naco”. Pero al final, nada de eso importa, ninguno de ellos vivirá con ese tatuaje por el resto de sus días, yo sí, ¿y saben qué? No me arrepiento de nada.

1 comment on “Más que un simple tatuaje

  1. Pingback: XI. Lo que significa la tinta en la piel – Diéresis MX

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