El amor viene en paquete… de tres

Jaqueline, Samantha y Roxanne se casaron en la hora dorada. Era un jardín a las afueras de León, Guanajuato, el silencio absoluto las rodeaba mientras ellas, debajo de un árbol, firmaban un papel con sus promesas de respeto, de amor, de felicidad. Los ojos de los testigos estaban puestos en sus sonrisas y los oídos en las bromas que sólo ellas entendían.

Rox, Jake y Sam en su boda.

Samantha, Roxanne y Jaqueline viajaron desde Québec hasta León para celebrar su triple compromiso frente a quienes más las aman.

Roxanne, Jaqueline y Samantha celebraron una boda de poliamor en la hora dorada en el estado más conservador de México.

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Cuando Jake anunció que tenía novia éramos unas adolescentes. Aunque no asfixiaba, el silencio se sintió hondo. ¿Pero te gusta?, preguntamos. “Sí”, fue la respuesta rotunda. No había nada más por decir, mucho menos cuestionar. Teníamos unos 15 años y frente a nosotras estaba el inicio de una historia de amor, ¿había algo más emocionante a esa edad?

Vinieron las preguntas comunes: ¿cómo se conocieron? ¿ya se besaron? ¿cómo se hicieron novias? Jake, más relajada -tal vez aliviada-, respondía a todo emocionada. Nadie en su familia lo sabía aún, así que nosotras, sus amigas, la abrazamos y la animamos.

Era una tarde calurosa en León, en un barrio de clase media, justo a la hora en que las señoras de otras colonias caminaban frente a mi casa para rezarle al Santísimo del templo. Éramos unas adolescentes creciendo en uno de los estados más conservadores de un país de por sí conservador.

Y aún así, en ninguna de nosotras cupo el ánimo de juzgar, de preguntarnos si el amor entre dos mujeres era bueno o malo. Sólo era, y ella, Jaqueline, estaba feliz.

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Desde un inicio fueron “Sam y Jake”. De aquí para allá, en un amar y aprender constante, crecer y reír, las carcajadas fueron y vinieron hasta que México las expulsó y recomenzaron en Québec, Canadá.

Hicieron una vida en uno de los países más diversos del mundo, sí, pero igual los primeros años fueron difíciles y, a lo lejos, al día de hoy aún se ven borrosos.

Fue allá que se casaron cuando en su propio país aún se discutían los derechos de las parejas del mismo sexo. Fue allá, en Canadá, donde pudieron trabajar, celebrar y vivir sin el yunque del conservadurismo que en Guanajuato aún pesaba (y que a veces aún cala hondo).

Fue allá donde comenzaron a preguntarse una a la otra, “te amo, sí, ¿pero puedo amar a alguien más?”. Sí, fue la respuesta de ambas.

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Hallar a otra persona dispuesta a enamorarse no de una, sino de ambas, no fue fácil. Hubo algún intento, pero terminó en lo que, para los ojos de otros, era previsible: la inseguridad o los celos, el querer poseer y pertenecer a una persona.

Hasta que Roxanne apareció.

Roxanne, con su energía desbordante y su risa que inunda las habitaciones. Roxanne que se enamoró de la paciencia y la nobleza de Jake y el abrazo protector de Sam. Y desde 2015 comenzaron el amor de tres, la Trieja, como ellas dicen.

Y ahora son las tres en una casa, en una cama, en una vida en conjunto.

Aún en la comunidad gay hemos sido rechazadas”, dice Jake. “A veces no entienden que somos las tres, juntas”, completa Rox. “Que las tres nos queremos”, finaliza Sam.

La ‘Trieja’ vive en Canadá.

Decirle a sus familias tampoco fue un paso sencillo; primero fueron los papás de Roxanne, pero para ellos fue una doble noticia: lesbiana y viviendo en Trieja, “se enteraron de todo de golpe”.

Luego la noticia fue para la mamá y hermana de Samantha, quienes también viven en Canadá. Una segunda salida del clóset, pero ahora de a tres, “aunque la idea de nuestra relación no fuera completamente aceptada, estábamos dispuestas a continuar y ser pacientes”, explican.

Luego llegó el momento de la verdad para los papás de Jake. La distancia hizo que la noticia les cayera por teléfono y fue dura. “Rox no es nuestra amiga. Ahora somos tres”. Helados todos.

Intentar entender la nueva dinámica fue complicado y aunque ahora, después de más tres años de relación, aceptan la Trieja “no aceptan que nos vayan a discriminar”.

¿Estás segura de esto?, preguntó su mamá. “Sí”. ¿Eres feliz?, dijo. “Sí”, respondió ella. No hace falta más nada.

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No hay ningún país que legisle la unión entre más de dos mujeres o más de dos hombres.

La poligamia es un tabú en países occidentales y únicamente Canadá y Estados Unidos permiten –mas no está legislado–, en ciertas regiones y a comunidades mormonas, que un hombre tenga más de una esposa (poliginia).

Mientras que en países africanos o de Medio Oriente, en su mayoría islámicos, es común que un hombre contraiga matrimonio con varias mujeres, siempre y cuando pueda mantener a las familias que forme.

La poliandria (una mujer que se casa con varios hombres) es permitida en pocos lugares del mundo, como Nepal, donde generalmente una familia con varios hijos varones elige a una mujer para contraer matrimonio con ellos y así no verse en la necesidad de dividir la herencia; los hijos de estas uniones saben quién es su padre biológico, pero llaman “papá” al hermano mayor.

Las relaciones tan poco comunes como la Trieja de Jake, Sam y Rox viven en un limbo legal, pero existen y, si etiquetas se buscan, su relación podría definirse como polifidelidad, es decir, es un núcleo poliamoroso en la que están más de dos personas, pero no se permite incluir a otres sin la aprobación del grupo y, en este caso, las tres crecen y avanzan en el mismo canal, “si queremos y aprobamos las tres, podríamos ser cuatro, pero no es así, siempre vamos a ser tres“.

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Clinc, sonó mi teléfono. Uno de esos raros, pero felices mensajes de Jake llegó. “Te invitamos a nuestra boda, es el 12 de enero en León”, y me preparé para estar ahí, con mis amigas a quienes 14 años antes vi comenzar una historia y ahora la continúan y la extienden.

Y estuve ahí. Las observé firmar un documento que para todes les presentes tuvo sentido, para ellas lo tiene, para ellas importa y que para nosotres, quienes las amamos, es válido.

Era la hora dorada mientras se prometieron amor, respeto, compromiso, honestidad.

La hora en la que la luz del sol hace todo más brillante, transformó la vida de ellas y de quienes estuvimos ahí.

Para ellas significó que su amor y compromiso fue bendecido por personas importantes en sus vidas; para mí significó ver que el amor viene en paquetes de una misma, de dos, de tres, siempre y cuando exista honestidad.

…y en unos meses llegará una nueva persona que transformará la vida de tres mujeres que le amarán de formas nuevas, inmensas e inimaginables, como ellas saben hacerlo. Bienvenido, bebé, tus mamás te esperan.