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Cinco lugares del Centro que pasas de largo y guardan una gran historia

lugares de CdMx (Fotos: Ana Estrada)

Un viejo poema náhuatl dicta que “en tanto permanezca el mundo, no acabará, no terminará la gloria, la fama de México-Tenochtitlan”… 500 años después, la Ciudad de México, eternamente inacabada y magnética, se erige como la más fiel testigo de la transformación del país.

Parte de la magia de esta ciudad es que caminamos sobre, a un lado y debajo de la historia y, más allá de los imponentes palacios, las calles del centro resguardan los tesoros y los secretos chilangos mejor guardados.

Tomamos el libro de 200 lugares imperdibles, de Héctor de Mauleón y Rafael Pérez Gay, y nos dimos una vuelta por el Centro Histórico. Aquí cinco lugares que pasaste de largo y que tienen un valor enorme.

¡A ver al cine… del Salón Rojo!

Hoy, el viejo Salón Rojo es un banco.

Una de las primeras salas de cine de la Ciudad de México fue el famoso Salón Rojo, que llegó a ser el más famoso por ahí de 1906. Cuando camines por la calle Madero y veas un banco Santander, ahí es. La fachada sigue imponente y enorme, por desgracia al edificio sólo se puede entrar a hacer trámites o sacar dinero del banco.

Un conocido slogan del Salón Rojo fue “el favorito de fifís, rotos y estirados”, ¡todos cabían!

Como dato extra: el español Jacobo Granat fue propietario del Salón Rojo, pero unos años después de abrir el lugar decidió volver a su país durante la ocupación alemana. Él y su esposa murieron en el centro de concentración de Auschwitz, en 1943.

El agua tiene memoria… y casi desaparece la CdMx

Esquina de Madero y Motolinía.

Si has paseado por la transitada calle Madero, seguro has pasado frente a un mascarón de león pegado en una esquina, ahí viendo la vida pasar desde hace casi 400 años.

Si le preguntas a los empleados de los comercios instalados en el edificio sobre la piedra tallada empotrada a poco más de dos metros de altura, sólo se limitan a responder que no saben nada “de ese adorno”.

En realidad, el mascarón es la marca del nivel que alcanzó el agua en una inundación en septiembre de 1629 y que hizo que permaneciera cinco años con los pobladores transportándose en balsas. La corona española consideró refundar la ciudad en Tacuba, Tacubaya o Coyoacán, pero ya se había invertido mucho en colegios, hospitales, templos y demás obra pública, por lo que se buscó “drenar” toda esa agua a como diera lugar.

Hoy el edificio alberga ópticas y parece que ni los empleados ni los clientes ven ese signo de cuando la ciudad pudo desaparecer.

Todo el oro del mundo… bajo resguardo del Monte de Piedad

De resguardar el tesoro de tlatoanis a ser el Monte de Piedad.

Las antiguas casas de Moctezuma resguardaban el tesoro mexica que tanto anhelaban los españoles. Lo que hoy es el imponente Monte de Piedad, fueron las casas del último emperador de Tenochtitlan.

Los historiadores cuentan que, cuando Moctezuma invitó a Hernán Cortés y los soldados a su casa, los españoles descubrieron el tesoro, que pertenecía a los tlatoanis anteriores, y lo describieron como “todo lo que debajo del cielo hay”.

Después de la conquista, Cortés se adueño de ese magnífico terreno y ordenó construir su propia casa, un espléndido palacio que era conocido como “una ciudad dentro de la ciudad”.

Más de 200 años después, en 1775, Pedro Romero de Terreros se apropió del lugar y lo convirtió en el Nacional Monte de Piedad que sigue funcionando hasta la fecha.

Si lo pensamos bien, el espíritu de las casas de Moctezuma, desde el lejano 1500 hasta la fecha, no ha cambiado, sólo se adapta a las demandas de su tiempo.

La última virreina murió como indigente

En Tacuba 65 vivió la última virreina de la Nueva España.

Sin joyas, sin ropa, sin casa, sin comida. María Josefa Sánchez de O’Donojú pasó de la opulencia de la corona española a la indigencia en el México independiente.

Cuando su esposo, el virrey Juan de O’Donojú, firmó la independencia de la Nueva España también firmó la sentencia de su familia.

A la muerte de su marido, declarado traidor por el rey Fernando VII, María Josefa se quedó sola y sin ayuda. Poco a poco vendió sus muebles, sus joyas, su ropa, hasta que fue imposible mantener su casa en el número 65 de la calle Tacuba, entre Palma e Isabel la Católica.

El 20 de agosto de 1842 la última virreina de la Nueva España murió en la indigencia.

Con dulces el mundo es mejor

La Dulcería Celaya se ubica en la calle 5 de Mayo.

La Dulcería Celaya es un viaje en el tiempo. La marquesina de la entrada es considerada una de las más antiguas de la ciudad (si no es que la más vieja) y lleva en la fachada de la tienda desde su fundación en 1874.

La familia Guízar abrió el lugar en la calle 5 de Mayo, considerada uno de los primeros bulevares de la ciudad, y desde entonces no ha dejado de funcionar: gomitas, chocolates, bombones, un olor dulce y un lugar precioso, con marcos de madera tallada, pisos de azulejo y un estilo nouveau tan de finales del siglo XIX.

Por desgracia, si les preguntas, los empleados poco saben de la historia de la dulcería, eso sí “es bonito trabajar en un lugar así”.

1 comment on “Cinco lugares del Centro que pasas de largo y guardan una gran historia

  1. Pingback: VIII. La ciudad de las preguntas y respuestas – Diéresis MX

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