Entrevistas

La bici no sólo es para transportarse, también es señal de fe

Desde hace cuatro años, Miguel —de 69— se monta en su bicicleta para hacer una peregrinación al Santuario de Chalma.

En 2014, comenzó a sentir dolor en la rodilla durante una de las muchas caminatas que había realizado hacia el Santuario del Estado de México. La molestia hizo que, por un momento, pensara en dejar la peregrinación que realizaba desde que era un niño de diez años, pero la bici lo salvó. 

En su bicicleta, Miguel ha ido y regresado tres veces de Xochimilco al Santuario de Chalma. Este año, tendrá que dejarla por cuestiones de salud. Hace unas semanas le hicieron una cirugía para extraerle la vesícula, aunque eso no impedirá que vaya a ver al Santo. 

“Yo voy por la fe. A dar gracias y visitar el santuario. Llego, escucho misa, estoy allá un rato y me regreso. Lo hago de corazón”, dijo Miguel a Diéresis MX luego de recordar la primera vez que pedaleó hasta Chalma

Foto: Mariana R. Fomperosa

Cuenta que cuando comenzaron los dolores en la rodilla, encontró en la bicicleta un refugio para ejercitarse. Su hermano fue quien le propuso hacer la peregrinación pedaleando. Para eso entrenó dos meses. Recorría largas distancias: iba a Topilejo desde Xochimilco y calaba las subidas que le esperarían meses después. Pero la condición que tomó apenas le bastó para esa primera pedaleada de casi cinco horas. 

“No me da miedo porque es una adrenalina cuando vas pedaleando. Sentir la velocidad, el aire…”, dice mientras se le ilumina al rostro al recordar la sensación de ir por la carretera federal a Cuernavaca, tomar subidas y bajadas; curvas peligrosas y sortear a los coches en una carretera de doble sentido. Asegura que no le da miedo, porque va con otros ciclistas y al final “se hace una familia”. 

Foto: Mariana R. Fomperosa

Este año será diferente. Esta vez tendrá que dejar su querida bicicleta colgando en la entrada de su puerta para irse caminando, durante tres días, hasta llegar al Santuario. La cirugía le impide hacer esfuerzos fuertes, pero debe ir “para agradecer que salió bien”. 

Cuando no está pedaleando en alguna de sus tres bicicletas —cada una es para cierto terreno y uso—, Miguel es taxista y dice preferir andar en dos ruedas que en cuatro, pues es más rápido y no debe pasar tiempo en el tráfico, algo a lo que, por su oficio, uno creería que está acostumbrado. 

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  1. Pingback: VII. La vida en dos ruedas – Diéresis MX

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