Artículos

Por qué los millennials no queremos crecer

Los millennials somos una generación ambivalente. Por un instante nos sentimos dueños del mundo y al siguiente queremos arroparnos en nuestra infancia. Crecimos jugando Policías y ladrones, las escondidas o “resorte”, y para la adolescencia ya éramos los reyes del internet, quitándole la línea telefónica a nuestras familias durante horas.

Hoy, entre nuestros 25 y 37 años, somos la generación más preparada académicamente e, irónicamente, la peor pagada. Pero nuestros sueldos los usamos para bien: después de la renta y todas esas cuentas de adultos por pagar, gastamos el salario en La Nostalgia.

¿Cuánto nos cuesta? Consolas de videojuegos clásicas de 2 mil pesos, entradas al cine para ver esas películas de nuestra niñez en live action por 200 pesos con todo y palomitas, y conciertos de nuestras bandas noventeras en unos mil 300 pesos el boleto. Somos el ejemplo de que recordar sí cuesta, y cuesta bastante.

En 1983, el psicólogo Dan Kiley publicó The Peter Pan Syndrome: Men Who Have Never Grown Up (El síndrome de Peter Pan: hombres que nunca crecieron). Ahí señaló las características de un alto porcentaje de jóvenes que se negaba a aceptar las responsabilidades de la adultez.

Según la teoría inicial del psicólogo estadounidense, el complejo afectaba sólo a hombres y presentaba seis particularidades: irresponsabilidad, ansiedad, soledad, conflictos relativos al rol sexual masculino, narcisismo y machismo. El concepto fue recibido con tal entusiasmo que no sólo catapultó a Kiley a la fama y convirtió su libro en un best seller, sino que atravesó las barreras de la cultura popular y se instaló en el imaginario colectivo.

Irónicamente, Kiley murió en 1996 y no pudo atestiguar la madurez de la que mejor se ajustaría a sus planteamientos: nosotros, los millennials, la llamada por la revista Time como la generación del Yo, Yo, Yo, el sector más privilegiado o más desamparado, según se vea.

A pesar de su trascendencia, la noción sobre la resistencia a madurar planteada en los términos de Kiley ha sido desacreditada por especialistas. Por ejemplo, en 2011 Ricardo Trujillo Correa, académico de la Facultad de Psicología de la UNAM, la tildó de “pseudopsicología” carente de evidencia científica, adherida a la opinión pública sólo como un concepto de moda. No obstante, explicó, sí existe una “adolescentización” de la sociedad caracterizada por la aspiración a prolongar la transición de la niñez a la adultez. Él lo atribuye a “la falta de desarrollo y justicia social”.

Según Trujillo, los jóvenes de hoy estamos inmersos en un escenario que no ofrece oportunidades de tener dominio sobre nuestra propia vida (sí, eso suena bastante millennial), de modo que optamos por aspirar a mantener la idea de juventud como estandarte de nuestro estilo de vida.

Después de la renta y todas esas cuentas de adultos por pagar, gastamos el salario en La Nostalgia.


En su libro Adolescencia y adultez emergente, Jeffrey Arnett, profesor del departamento de Psicología de la Universidad de Clark, en Massachusetts, argumenta que nuestra generación está viviendo una adolescencia prolongada, la cual, en el mejor de los casos, nos permitirá “desarrollar habilidades para la vida diaria, obtener una mejor comprensión de quiénes somos y lo que queremos de la vida y comenzar a construir una base para la vida adulta”. Por supuesto que la prolongación de esta etapa de la vida no es fortuita; se debe, en todo caso, a que las líneas que determinan los grandes pilares como “la educación universitaria, la independencia económica, casarse y tener hijos se difuminan”. De modo que llegar a esa adultez clásica toma más tiempo.

Psicología estricta o no, es innegable que existe una renuencia a crecer entre quienes nacimos en el ocaso del siglo XX. Una renuencia que, además, coquetea con la nostalgia, que la industria del entretenimiento ha sabido aprovechar para convertirla en su mina de oro.

No es gratuito que en años recientes Disney haya emprendido la travesía del remake, echando mano de los nuevos valores de producción para volver a contarnos historias que nos embelesaron cuando éramos niños (Maléfica, El Rey León, La Bella y la Bestia, Dumbo y Aladdín, más las que se sumen próximamente a la lista).

Tampoco es casualidad que el emporio Marvel haya iniciado y concluido su ciclo más glorioso de nuestra mano, con Iron Man (2008) y Avengers: Endgame (2019) —que rompió en su primer fin de semana todos los récords de la historia en taquilla recaudando más de mil 200 millones de dólares a nivel mundial—; o que Toy Story siga explotando nuestro lado más susceptible a la añoranza —tan sólo la tercera entrega de la saga se convirtió en el primer largometraje animado en romper los propios récords de Disney-Pixar con 109 millones de dólares en su primer fin de semana en taquilla—; o que la franquicia Pokémon —concebida originalmente como videojuego— se haya extendido a otros medios, como la televisión, los juegos de cartas, ¡los tazos! y, más recientemente, una app de realidad virtual y una prometedora película que mezcla la animación más sofisticada con el live action.

Pareciera que nuestra generación vive obcecada con redescubrir aquello que nos hizo tan felices en nuestra infancia, ahora con nuestro propio dinero…

Y de videojuegos ni hablamos. Somos la generación que vio nacer las consolas de Nintendo, PlayStation y Xbox. Y producimos miles de millones de dólares. Tan sólo en junio del año pasado, cuando se relanzó la consola NES Classic de Nintendo, la convertimos en la más vendida de ese mes y la posicionamos como la unidad con más ventas desde que la empresa de investigación de mercados, NPD Group, inició sus registros, en 1995.

“La NES Classic fue la la más vendida en junio de 2018, en su lanzamiento, aunque la PlayStation 4 fue la que más dinero recaudó, por ser más costosa”, explica Mat Piscatella, analista de NPD Group especializada en la industria de videojuegos en Estados Unidos. Lo sorprendente es que el modelo original, que salió hace más de 35 años, tuvo una demanda altísima, pues según datos de la propia empresa nipona, tanto NES Classic, como Super NES Classic alcanzaron ventas por 10 millones de unidades a nivel mundial, nada despreciables si consideramos que las dos consolas estuvieron en el mercado por tiempo limitado. En otras palabras, los millennials hacemos de lo viejo algo nuevamente consumible.

Pareciera que nuestra generación vive obcecada con redescubrir aquello que nos hizo tan felices en nuestra infancia, ahora con nuestro propio dinero… y las marcas nos conocen perfecto.

Esta conexión se puede entender, según Heidi Blackburn, investigadora de la Universidad de Kansas, debido “a la conexión que los millennials tienen con sus padres (…) y la preferencia que tienen por experiencias sensoriales fuertes, una de las características de los anuncios nostálgicos”.

Por si esto fuera poco, según Barba Stern, de la Universidad de Pittsburgh, la aprehensión que se tiene por lo retro viene de la “ansiedad cultural” luego del fin del milenio (finales de los 90) y época clave para los millennials. “Metafóricamente un siglo murió. La sociedad tiene la necesidad de nostalgia por el pasado y al hacerlo encuentran apoyo emocional y seguridad”.

Pero esta nostalgia por el pasado afecta no sólo a los millennials, también a los centennials y todo debido a lo que ha sido llamado “nostalgia histórica”. El término, acuñado por Stern se refiere a las asociaciones emocionales que las personas hacen con el pasado, “al crear una fantasía sobre experiencias y eras que no han vivido”.

Millennials, quizá es hora de entender que, aunque nos rehusemos a crecer, hace mucho tiempo que dejamos de ser chavos.

Texto: Ana Estrada, Ángel Soto, Ernesto Huerta, Mariana R. Fomperosa

1 comment on “Por qué los millennials no queremos crecer

  1. Javier Monroy

    Hola, este es el primer artículo que leo de este nuevo proyecto y, francamente, me gustó bastante. Me agrada mucho el que escriban sin presunción alguna, eso hace falta en sitios como el suyo.
    Los felicito y, en mi caso, ya tienen un nuevo seguidor.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: